La MUD ha muerto; por Javier Vivas Santana [.@jvivassantana]

¿Qué es lo bueno? Todo lo que eleva en el hombre el sentimiento de poder, la voluntad de poder, el poder mismo. ¿Qué es lo malo? Todo lo que proviene de la debilidad. ¿Qué es la felicidad? El sentimiento de lo que acrece el poder; el sentimiento de haber superado una resistencia. No contento, sino mayor poderío; no paz en general, sino guerra; no virtud, sino habilidad (virtud en el estilo del Renacimiento. Virtud libre de moralina). Los débiles y los fracasados deben perecer; esta es la primera proposición de nuestro amor a los hombres. Y hay que ayudarlos a perecer.

Nietzsche – El Anticristo

 

Los espacios de la democracia se construyen con praxis democrática. No puede existir democracia mientras existan espacios de moralina entre sus practicantes. La voluntad de los pueblos debe ser la esencia en un sistema de gobierno que se autodenomine democrático, lo demás se convierte en entelequia.

Luego del fallecimiento de Hugo Chávez, el país entró en un terrible túnel sin luz. La corrupción, la delincuencia, la persecución política, la inflación, el hambre, la escasez de alimentos y medicinas, la destrucción de la producción nacional y la (auto)legalización de colectivos armados, que imponen el terror y el secuestro como modus vivendi, significó la quiebra del Estado.

Tal degradación institucional fue generada por Nicolás Maduro como presidente de la república. Las escuelas están en ruinas. Los hospitales, como infraestructuras de salud, agonizan. Las cárceles son sitios para controlar bandas armadas dentro y fuera de ellas, y se han convertido en depósitos infrahumanos similares a los campos de concentración nazis. Los espacios públicos se convirtieron en letrinas sociales, donde el robo, el atraco, el secuestro y los asesinatos imponen sus códigos de ética. Las policías están invadidas por mafias de antisociales de todo tipo. Las fiscalías y tribunales son cenáculos vendidos al mejor postor, reforzados con las decisiones totalitarias que impone el madurismo en todas sus expresiones políticas. El contrabando y el narcotráfico marcan la pauta de zascandiles arropados con el manto de funcionarios en el gobierno, quienes junto con crápulas de militares renunciaron a sus juramentos para convertirse en bazofia de la historia. La sociedad está destrozada.

El madurismo se convirtió en una pesadilla para los venezolanos, y ha sido tal el efecto de su hediondez como gobierno que perturbó de manera significativa los procesos eleccionarios en la región suramericana, al punto de que salvo por Ecuador (mirándolo de lejos), Bolivia y Nicaragua –estos últimos con mínima influencia geopolítica– se quedó sin ningún apoyo en el orden exterior.

Ante esta realidad, el madurismo recibió una implacable derrota en las elecciones parlamentarias de 2015. El pueblo, de manera rotunda, liquidó parcialmente a través del voto un sistema de gobierno que había empobrecido en sólo tres años a la mayoría de los venezolanos. Lamentablemente, la dirigencia opositora, a la que siempre se alertó de que esos resultados no eran un triunfo de ellos sino de una sociedad democrática como factor clave en la restitución de un gobierno por el pueblo y para el pueblo, obvió la ruta de la Asamblea Nacional Constituyente y, luego de perder un tiempo valioso debatiendo las posibles “salidas”, decidió el tortuoso camino del revocatorio, a pesar de haber sido víctimas desde el comienzo del período 2016-2021, con la suspensión arbitraria e ilegal de tres diputados por el estado Amazonas, los cuales le otorgaban constitucionalmente las dos terceras partes del Parlamento y, en consecuencia, les permitían realizar cambios importantes en las instituciones. Aceptar desde el comienzo esa ruptura constitucional fue un craso error.

Lo insólito de esta historia es que un gobierno asediado por una espantosa crisis que ellos mismos generaron en todos los órdenes y escenarios de la vida republicana; un gobierno que desató cualquier cantidad de barbaridades y que prácticamente había caído en los últimos días en el terreno del suicidio político, viéndose incluso en la necesidad de buscar la unción del Vaticano para dialogar los términos de la capitulación con sus adversarios, estos se hayan convertido no sólo en sus benefactores, sino que con unos errores inexplicables en la toma de las decisiones políticas, contrarias con la voluntad de lo que siente y expresa el pueblo en cualquier espacio de la geografía nacional, resucitaron el madurismo y le otorgaron un poder hegemónico, no sólo validando el autogolpe que nos robó el derecho al voto, sino que ahora terminan legitimando hasta las acciones en contra del pueblo, al callar ante los desmanes que ha cometido el gobierno en relación con el hundimiento social del país y la entrega de nuestros recursos naturales a las transnacionales capitalistas.

Independientemente del final de este diálogo, la actual dirigencia opositora debe ser relevada de sus funciones. Han fracasado y son co-responsables en la quiebra política y moral del país. Es necesaria la reconstrucción de una oposición entre sectores leales al pueblo, apartados de los encuentros entre cúpulas. Desde una auténtica oposición con valores democráticos y los sectores del chavismo antimadurista se hace impostergable una visión distinta del país para salvar a  Venezuela. La llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD) con sus acciones al margen de las necesidades del país se rindió ante el madurismo sin haber salido al campo de batalla. La MUD ha muerto. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

El Nacional
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