Péndulo: La tregua de diez días por .@PoleoRafael

Si se quisiera ilustrar la importancia global de las elecciones de Estados Unidos, bastaría citar que un país cuartomundista arruinado y hambriento ha tenido que congelar un proceso político en el cual su alternativa es el renacer o la muerte eterna, sólo por el temor de que algún episodio sangriento pueda influir en esas elecciones de la gran potencia.

Ocioso pero sabroso será discutir si valió la pena el sacrificio que la Oposición ha hecho al diferir su momentum.  El caso es que tuvo que hacerlo bajo la presión de sus dos aliados -por cierto, circunstanciales- de mayor importancia: los Estados Unidos de América y la Santa Sede.  La MUD simplemente no podía negarse, so pena de enajenarse esos apoyos y desdibujar su perfil de movimiento democrático legalista que lucha contra un régimen depredador y represivo caído, además, en la ilegitimidad.  Esta imagen preciosa le ha potenciado la adhesión del Mundo Occidental con una mayoría que puede calcularse en el 80% sobrancero de que goza entre sus connacionales.

Por cierto que el pánico bajo el cual el Partido Democráta americano llegó a solicitar el respaldo del Papa Francisco para contener a los venezolanos ansiosos por conquistar físicamente a Miraflores, fue, una vez más y como suele serlo, un pésimo consejero. Impactados por la sospechosamente inoportuna publicación que el director del FBI hizo de una antigua investigación sobre un allegado al equipo de Hillary Clinton que hacía ofertas sexuales por internet, un porcentaje considerable de electores americanos se deslizó hacia Trump.  En situación de empate técnico, los demócratas consideraron que una matanza de civiles en Venezuela seguida por una intervención militar movería contra el partido de Obama unas décimas de encuesta que unida a otras pudiera ser fatal.  Todo esto es discutible, pero además se produce la ironía cruel de que está siendo al revés.  El sur de la Florida puede decidir la elección en ese estado, y ese estado puede decidir la elección.  Este circunstancialmente decisivo núcleo en torno a Miami es la única región fuera de Venezuela donde el tema del castro-chavismo es determinante.  Trump ha prometido que él sí se carga de una sola patada al castro-chavismo.  No hubiera podido decirlo si Obama se hubiera incorporado a la presión sobre Maduro en vez de aliviarla.  Son las cosas que a uno le hacen preguntarse si será posible que un peleador callejero como es Trump le gane la pelea a una pugilista de alta escuela como es Hillary.

De una u otra manera, el horizonte para Maduro es de un oscuro espeso.  Sobrevive día a día, como lo prueba esta tregua de diez días que le ha proporcionado Obama.  Cualquiera sea ganador, el Partido Demócrata y el Republicano participan por igual en la estrategia fundamental para reactivar la hoy postrada economía global.  Esa estrategia es la de montar con Argentina, Brasil y Venezuela una locomotora que active un milagro -o milagrillo- económico en Sur América y genere una actividad capaz de extenderse al resto del globo.  Para esto, cambios políticos son indispensables.  Ya se han producido en Argentina y Brasil.  En Venezuela están atascados en Fuerte Tiuna, donde un grupo de generales tiene razones para sostener al por tantos expedientes ilegitimado presidente Maduro.

Ojo con Padrino, cual les vengo diciendo desde hace casi un año.  Él y sólo él decidirá.  Son cosas del destino.

Revista ZETA

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