¿Por qué Voluntad Popular?; por Antonio Sánchez García .@sangarccs

En conocimiento de mi reciente adhesión al partido Voluntad Popular no han faltado quienes se han sentido sorprendidos. Por el tenor y contenido de mis artículos y ensayos, por la línea argumental, político ideológica que he defendido con ardor, consideraban natural mi pertenencia a un partido más cercano a las nuevas tendencias del liberalismo que han comenzado a abrirse paso en América Latina, desplazando del Poder, para fortuna de la región, a las ideologías de la izquierda socialista cercanas al castrismo de nuevo cuño inaugurado con el asalto al Poder por el golpismo militar-cívico venezolano. Una ideología populista, estatista, clientelar, presente en todos los partidos y organizaciones miembros del Foro de Sao Paulo. Responsables de la crisis de todo orden que afecta a América Latina. Y en particular a la hija del cordero, cuya madre, todos lo sabemos, es la Cuba castrista: Venezuela y el chavismo.

Por alguna distorsión óptica, quienes creen posible considerar a Voluntad Popular en otra tendencia que no sea la del más irrestricto apego a la democracia social profundamente comprometida con las libertades, la libre iniciativa, el libre mercado y todo aquello que caracteriza a las sociedades progresistas y desarrolladas contemporáneas, que basan su acción política y social en la sabia combinación de la defensa irrestricta del individuo en el marco de un Estado de Derecho, el emprendimiento y el desarrollo económico, con la protección a los sectores más desvalidos permitiendo el seguro avance hacia la prosperidad para todos, desconoce a Voluntad Popular. Pues los mencionados valores que caracterizan la acción política de los partidos progresistas de las sociedades desarrolladas son las máximas de acción político social de Voluntad Popular desde su misma fundación por Leopoldo López: Democracia para todos, Justicia para todos, Educación para todos. En el contexto de una nueva Venezuela digna del Siglo XXI. Emancipada y a tono con las tendencias modernizadoras de la globalización. Sin transar, por lo tanto,  en el combate contra el populismo, el caudillismo, la estatolatría y el clientelismo que infectan a los partidos dominantes en el establecimiento opositor. Inexorablemente vinculados al pasado  y prontos a sucumbir a los manejos buhoneriles de la política de acomodos, pactos y entendimientos con el enemigo, como lo acaban de demostrar participando sumisos y obsecuentes en el juego de abalorios de un dialogo absolutamente inconducente a los fines democráticos, pero útil a los propósitos dictatoriales de clausurar las vías pacíficas y constitucionales a su superación, como el Referéndum Revocatorio, que ni siquiera ha sido mencionado en el informe final de dicho diálogo, toda vez que el secretario general de AD ya lo había dado por muerto.

Mi primer acercamiento público a Voluntad Popular tuvo lugar cuando saliera en defensa de Leopoldo López quien ante su declarada adhesión a las corrientes y tendencias socialdemocráticas encontrara el furibundo rechazo de la alta dirigencia de Acción Democrática, partido supuestamente detentor en exclusiva de dicha “franquicia” para Venezuela. Recuerdo haberle respondido a su vocero que mal hacía el partido fundado por Rómulo Betancourt – por cierto, siempre renuente a subordinar su partido a  la llamada Internacional Socialista -, la más alta conciencia política y liberal republicana de la democracia venezolana, rechazando la decisión de quien, por talento, por voluntad, por decisión y juventud constituía un aporte esencial para la reactualización de una corriente doctrinaria duramente castigada por los graves errores de sus franquicia habientes. Más que una ideología, una cultura profundamente afincada en la conciencia popular, pero urgida de una renovación radical que la purgara de sus vicios y taras. Pues el fracaso de nuestra democracia fue, en primer lugar, el fracaso de la socialdemocracia venezolana y su incapacidad para ponerse a tono con las exigencias históricas del momento. Que ante la crisis estructural que se perfilara a fines de los ochenta comienzos de los noventa se alineara, por razones de extravío ideológico y moral,  con las fuerzas reaccionarias que resquebrajaran y pusieran fin al Pacto de Punto Fijo, se sumaran al frente cívico militar que combatió a Carlos Andrés Pérez y propiciaran la ruptura del hilo constitucional mediante un juicio lastrado de injusticias sin otro objetivo que castigar la reorientación política de su gobierno hacia medidas de corte liberal, ya entonces absolutamente imprescindibles, así atentaran contra el rentismo mercantilista de las élites económicas. Las mismas que, en un extraño giro del destino, comienzan a requerirse con urgencia, bajo recomendaciones incluso de quienes inventaran la franquicia del llamado “socialismo del Siglo XXI”, entre ellos el ideólogo germano mexicano Hans Dietrich Sonntag. ¿U olvidaremos que sin la cayapa orquestada, entre otros por Alfaro Ucero, en comandita con Jaime Lusinchi y Rafael Caldera, la historia hubiera marchado posiblemente por otros derroteros, ahorrándonos la espantosa tragedia que nos desviara hacia los abismos de este infierno? ¿Poniéndonos posiblemente a la cabeza de la modernización de nuestra región?

Es la ingente, doble tarea a la que debemos abocarnos todos quienes nos interesamos existencialmente por nuestra salud pública: recuperar la travesía hacia la consolidación de la convivencia democrática y asegurar, con paso firme, la construcción de la Venezuela democrática del siglo XXI, cruel, estúpida y sórdidamente interrumpida por la felonía castrense y la ceguera y mezquindad de nuestras élites políticas e intelectuales. En esa tarea, que demandará la concurrencia y concurso de todas las voluntades, todos los partidos democráticos serán necesarios. Pero sobre todo y con especial énfasis aquellos deslastrados del pasado, que lo han demostrado en los hechos en esta lucha diaria contra la dictadura y pagado duramente por ello con la cárcel de sus mejores hijos o que han manifestado su clara y decidida voluntad de romper con las taras que provocaran nuestra tragedia y que, así nos cueste y duela reconocerlo, sobreviven en algunos de nuestros dirigentes e impiden una acción clara y decidida contra la dictadura y el régimen que nos obstruye el desarrollo hacia el futuro. Reconozco la preeminencia de los tres líderes señeros de esta verdadera cruzada por nuestra segunda Independencia: Leopoldo López, Antonio Ledezma y María Corina Machado. El orden obedece al grado de castigo recibido. No al valor de sus posiciones ideológicas o al reconocimiento a su voluntad contestaría frente a la más grave crisis de nuestra historia republicana.

La unidad de esos tres factores – VP, Vente y ABP, que fueran los protagonistas e impulsores de La Salida, que provocara y obtuviera en 2014 un cambio trascendental hacia el desalojo del régimen castrocomunista que nos asola -, nos ahorraría penurias y contratiempos, favoreciendo la articulación de un nexo vital entre el pueblo, ya indignado a niveles de rebelión civil, y su verdadero liderazgo. Por eso adherí a Voluntad Popular: para impulsar la unión de los mejores desde la que considero la mayor fuerza centrifugadora de los agentes del cambio en Venezuela. Es un buen propósito.

El Nacional
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