Chávez recibe a Castro con un abrazo; por .@MiguelHOtero

25 de noviembre de 2016, fecha memorable para los demócratas. Los medios anuncian: muere el dictador Fidel Castro.

Castro va directo al infierno, lo recibe Hugo Chávez lleno de afecto, quien trata de darle un abrazo a su querido Fidel, pero Fidel venía muy molesto con la muerte, porque se creyó eterno, invencible, con un estado anímico que no es favorable al afecto ni a la bienvenida. Fidel le responde a Chávez su saludo y le dice con mucho pragmatismo: “Sí, Hugo, ya estoy de nuevo cerca de ti, pero tengo que decirte que ya te dejé gobernar acá, como lo hice en su tiempo con Venezuela. Ahora estoy en este sitio, me tocaron fanfarrias al llegar, me esperaban hace mucho tiempo, porque llegaba el dictador entre los dictadores, el que los hizo impacientarse con mi llegada tantos años. El que tiene mucha experiencia y lustros mandando. Como podrás entender y te lo digo con contundencia, desde este momento aquí mando yo, como lo hice con tu país Venezuela, cuando me lo entregaste en bandeja de plata, todo el mundo supo que fui tu presidente, tu señor, tu amo; me obedeciste cabalmente. Y sobre el infierno ya veré como subordino al Diablo. Mi olor a azufre compite con el de él.

“Hablemos claro, mi querido Chávez, mi ambición fue siempre apoderarme de tu país, de sus riquezas, de su pueblo. ¡Qué buena ayudada me echaste, camarada! Ya aquí podemos hablar sin tapujos”.

“Quiero decirte: desde el inicio mismo de mi dictadura, Venezuela ha sido uno de los objetivos principales de mi codicia, al costo que fuese, fue siempre el primero de mis propósitos, la riqueza petrolera de tu país estuvo siempre en mi mira. Más que eso: Venezuela fue mi obcecación. Una de mis ambiciones cruciales.

“Muy pronto comprendí que Cuba podía erigirse en un potente artefacto de ilusiones. Podía encarnar a la figura del pequeño David enfrentado al poderoso Goliat norteamericano. Armé una trampa propagandística de notable eficacia. Un canto de sirenas que provenía de una isla del Caribe. Ese canto no se limitó a lo estrictamente político. Estaba envuelto de elementos culturales, relatos históricos y hasta de un sensualismo climático lleno de romanticismo y música; chico, es que soy un genio. Tenía en José Martí, escritor, pensador y político republicano que, en 1895 fue protagonista de la Guerra de Independencia de Cuba, un héroe que podía resultar simbólico e inspirador. Me la comí.

“Rápidamente, fueron numerosas las personas que, en Venezuela y en América Latina, se hicieron mis aliados y de la Revolución cubana. Intelectuales, escritores, artistas de todas las disciplinas, comenzaron a unirse a un propagandismo a favor del proceso cubano. Esa solidaridad política la aproveché al máximo. Dio inicio a una práctica: la de exportar mis prácticas de violencia hacia varios países de América Latina.

“Confieso que he sido un adorador de la violencia. Creía en ella. La soñaba, la planificaba, la utilizaba, la disfrutaba. Fui un activo promotor de los movimientos guerrilleros en América Latina, lo que incluyó a Venezuela, con los resultados que ya conocemos: una considerable mortandad, miles de jóvenes que perdieron la vida en 15 países de Centroamérica y Suramérica, sin que ello produjese ningún otro resultado que no fuese sufrimiento para miles y miles de familias, situaciones de nefasta incertidumbre e inestabilidad para las instituciones y la economía de la región. Estos eran mis logros, te sigo contando. Invadí dos veces Venezuela, con soldados cubanos y con guerrilleros venezolanos entrenados y financiados en la isla. Pero ahí no terminan las cosas. Cuando el Che Guevara anuncia las tesis del llamado foquismo, que tuvo en Bolivia y más adelante en El Salvador, sus sanguinarios laboratorios, fui su cómplice, de muchas maneras, de las atrocidades que se cometieron. Todo lo que tocaba lo convertía en sangre, sufrimiento, desolación, era mi manera de someter. ¿Ves que compito con quitarle el puesto al diablo?

“A lo largo de estas décadas, Hugo, siempre fui el fuerte, el que nunca mostró arrepentimiento alguno por el uso de la violencia, dentro y fuera de mi país. La cuenta de los cubanos, tanto compañeros, amigos y enemigos que fueron asesinados por mi régimen, con orgullo te digo que sobrepasan las que se imputan a Pinochet, están todavía por contabilizarse del todo. Pero creo que jamás se sabrá la totalidad porque son incontables. Aunque de acuerdo con líderes opositores cubanos, sin sumar a quienes han muerto por hambre o enfermedad, la cifra espeluzna: alrededor de 30.000 cubanos han sido asesinados por mí, por eso siempre me recordarán como el dictador de los dictadores. La mayoría los mande a fusilar después de haber cumplido con las apariencias y por eso pedía que fueran juzgados por ‘tribunales populares’. Como parte de mi ‘legado’ hay que listar y sumar el desastre con el que contribuí con el sandinismo en Nicaragua, la virulencia fallida de Salvador Allende en Chile, las debacles del MIR y el PCV en Venezuela, porque para mi causa no hay desangramiento en vano, creé decenas de movimientos guerrilleros en América Latina.

“Oye, tú, Chávez, que bueno es hablar, y tú bien sabes que soy capaz de hablar por horas ininterrumpidamente, como lo hacía en mis discursos. En estos casi 60 años, mis intentos por controlar a Venezuela fueron insistentes. Los venezolanos imperialistas, esos de derecha, los que no se dejaron conquistar por mí, escuchaban a Rómulo Betancourt quien les deba tempranas advertencias a los venezolanos anunciando mis planes… Chico, mucho enemigo en el camino que eliminar en nombre de la revolución. Puedo decir que de Raúl Leoni al segundo mandato de Rafael Caldera, las relaciones de Venezuela con Cuba fueron complejas, posiblemente de más aciertos que desaciertos, pero sin que nunca se llegase al extremo de comprometer ninguna de las variables clave de la soberanía de Venezuela. Solo tú, mi Huguito querido, te prestaste a eso. Me entregaste la soberanía. Seguiste mi ejemplo como un devoto alumno. ¿Sabes?, era algo increíble convertir a Venezuela en un país bañado de sangre. ¿Quién se podía imaginar, chico, que ese país tan rico, el de mayor reserva petrolera, se lograra transformar en un país arrasado, con hambre, donde se harían colas interminables para comer? ¡Bravo, Hugo!, eso lo logramos juntos, era parte de mi plan, como parte de nuestra ideología someter al pueblo, pueblo con hambre no piensa.

“Que tú, hermano, impusieras repetir mi gran frase ¡Patria o muerte, venceremos! Es que te lo tengo que decir, lo hiciste muy bien, cuantos logros hasta el que Venezuela fuera llamado un narcoestado. Óyeme, me sentí satisfecho de mis enseñanzas contigo, cuando secuestraste todos los poderes, cuando llamabas a los americanos ‘el imperio’, cuando te metías con la Iglesia y sus representantes, cuando expropiabas a la empresa privada, cuando reprimías a los estudiantes con saña.

“Ninguno de esos presidentes venezolanos me quisieron, hasta que llegaste tú, mi apreciado Hugo.

“Óyeme, Hugo, no me canso de repetirte: soy el líder, mi astucia mi perseverancia, mi longevidad, todo esto contribuyó finalmente a ver cumplido mi sueño de codicia: llegaste, Hugo Chávez, el golpista herido en su autoestima, hermano, tú fracasaste en tu golpe, yo no. Hugo, te convertiste en un maníaco de tu ego desesperado por encontrar reconocimiento, te arrodillaste ante mí, inmediatamente te detecté al tenerte enfrente: supe, sin lugar a error, que podría dominarte, apropiarme de tus decisiones, influirte del modo más unilateral, doblegarte, usarte a mi antojo. Esto tengo que decírtelo con todas tus letras: cuando el mundo entero repetía: Chávez se rindió ante Castro, como un títere al titiritero, te confieso: mi ego se inflaba.

“Me parece que es conveniente refrescar tu memoria, Hugo, tienes tiempo acá, te digo lo que es conocido en la geopolítica mundial y escrito en la historia con respeto a nuestra relación y la de nuestros países Cuba y Venezuela, dicen que bajo el manto de una supuesta cooperación la violencia, en distintos formatos, se ha instalado en el país. Que Chávez y sus títeres le han entregado petróleo a Cuba a precios de escándalo mientras Venezuela se empobrecía y Cuba lo revendía en los mercados internacionales; puso en manos del gobierno de ese país, nada menos que el control y la gestión de notarías y registros; le abrió las puertas de los servicios de identificación y extranjería; autorizó e impuso que oficiales de inteligencia de Cuba tuviesen la responsabilidad de vigilar a las FANB y a dirigentes de la oposición; se aprobaron compras de medicamentos de pésima calidad, que hasta los propios médicos cubanos de Barrio Adentro recomendaban entre susurros no utilizar; se organizó todo un programa de peregrinación política a La Habana, consistente en llevarle regalos a Castro y arrodillarse ante su presencia y todo eso es verdad.

“Hugo, no lo puedes negar: como tú sabes Venezuela es hoy un país donde la muerte campea: por hambre, por enfermedad, por acción de la delincuencia. La alta tasa de mortandad venezolana tiene múltiples causas, pero entre ellas, ninguna tan decisiva como la política económica intervencionista y destructora del sector privado nacional. Las consecuencias de este diseño, castrismo puro, están la vista. Agobian el acontecer diario de los venezolanos. Todos dicen que son las obras de Fidel Castro y de sus títeres locales. Títeres que son los verdaderos traidores a Venezuela.

“Gracias, Hugo, por cumplir con mi sueño, ahora vamos a darnos un abrazo para celebrar todos los logros juntos. Me voy a hacer unos contactos para que la historia me absuelva”.

@miguelhotero

El Nacional
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