2017: el fin de una era; por Orlando Viera-Blanco .@ovierablanco

Continuando con nuestro ensayo El Hombre político/El Universal 29/11/16, la tarea 2017 de nuestra clase política, será recuperar espacios de credibilidad sobre los grupos de control social. No se trata de convocatorias de masas, marchas o tarimados, sino de acercamientos selectivos con estudiantes, sindicatos, magisterios, gremios, campesinos, agricultores, pescadores, trabajadores informales, transportistas, obreros, enfermeras, policías, choferes de plaza… más en la provincia (los llanos) que en la capital. Tiempo de llevarles una nueva oferta poder y de cambio, empotrando el concepto de libertad. No sólo personal, sino de mercado, de empresa, de actividad, desempeño, de tránsito, de venta y de consumo. Un “mea culpa” será esencial en la plasmación empática.

La política es una ciencia. Su base es “la identidad de la naturaleza humana y la definición de la condición social del hombre” (Maquiavelo). Quien más sabe, más puede. Conocimiento es poder. “Es saber para poder”. Quien más demuestre conocer nuestra realidad, será más eficaz capturando simpatías. Construir categorías de identidad es vital para determinar los elementos objetivos (históricos-culturales) y subjetivos (ético-religiosos) que inciden en nuestra sociedad, en nuestra involución. Por centurias -en un plano histórico- acumulamos el “habitus” de una casta aventurera y desarraigada (colonos), cuya impronta de violencia, imposiciones, desprecios y despojos, aún la tenemos en el alma y en la nuca. Mas tarde -con la República- Bolívar nos reconocía como “un pequeño género humano, un mundo aparte, cercado por dilatados mares, nuevo en casi todas las artes y ciencias, aunque viejo en los usos de la sociedad civil (Carta de Jamaica, Sep.1815)”, que por la democracia, era “un alimento difícil de nutrir”.

Entrada la era positivista con los “gochos al poder” (1908), seguido de la iniciación de la democracia pactada (1958) y la borrachera revolucionaria (1998), el común denominador de ese coctel hispano-mestizo -entre dictaduras, montoneras, golpes, bipartidismo y saquero republicano- fue el petróleo, esto es, fusta utilitaria de clientelismo, parasitaje social, exacerbación misionera y dependencia de las instituciones a los partidos, y no lo contrario. Así en lo objetivo, fuimos una sociedad profundamente violentada por la historia, desarraigada por un antepasado subyugante y sometida por el petro-Estado al servicio de clases políticas y de entorno, que castraron las posibilidades de un país capacitado, productivo y moderno.

En lo subjetivo, vamos sin un prístino sentido de la ética de la convicción, o comprensión imperativa de nuestros valores, ni de la ética de la responsabilidad o comprensión compartida de nuestros deberes  (Max Weber). No ha habido un liderazgo -ni político ni corporativo o social- que encare el divorcio a la dependencia petrolera. No ha habido un líder que levante su  voz denunciando el colapso sistémico de la sociedad venezolana -de Gómez a la fecha- a causa del Estado petro-becario y celestino. Un atavismo político al que pocos renuncian por seguir cabalgando en la idea que el petróleo es del Estado y, por ende, del gobierno o clase de turno. No por casualidad fue incluido en el documento “100 soluciones para Venezuela” (MUD/Art.74/2013), en el cual se consagró al petróleo, una vez más, como “instrumento fundamental de desarrollo económico y social del país”. Gimmick de una media privilegiada por movilizada y cómoda, que le ha cegado de toda responsabilidad social compartida. Vaciedad ética que ha degenerado profundamente desde 1998, convirtiéndonos en un “corral” rapado y atrapado (dixit Orwell). ¿Qué político o ciudadano ha asumido un “mea culpa” histórico y sincero? Quien incorpore a su mensaje un sentido de justicia social (Rawls), basado en la equidad de la oportunidad, misma que enaltece a “quien más recibe, porque más se educa y más aporta a la sociedad”, nos pondrá -verdaderamente- en camino de cerrar una era (no la de Chávez, sino la de Zumaque 1-1914-para acá), e iniciar otra (aún no vivida): la del libre mercado, la innovación y la pluralidad democrática.

Un lector (Sr. Mosquera/Pto. Ordaz), nos dice: “para hacer vade retrum de  los “sacerdotes de la libertad”, izquierdosos que llaman fascistas a sus detractores, exaltando el macho malandro de barrio, que se multiplica día a día sin que se edifique la contra, es necesario construir una comprensión de la vida, con arquetipos ejemplares”. Es cierto. Salir de la heroicidad cultural en la que han convertido a “colectivos, patriotas cooperantes, chulos o pranes” (caldo de cultivo del “hombre nuevo del siglo XXI”), exige adoptar una profunda constricción moral: todos somos resultado de nuestra incultura y responsables de nuestras carencias morales y egoísmos”.

El 2017 será un año de desafíos. La MUD feneció. Es tiempo de un liderazgo coherente, responsable y personalizado. Es la antesala del fin de una era de una sociedad devastada por todos, en cuya reconstrucción, todos tenemos que participar.  Quien mejor nos convoque a lo liberal, mejor recibido será. Animo. Falta poco…

ovierablanco@vierablanco.com

@ovierablanco

El Universal
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