La atípica democracia de un solo poder; por .@CarlosRamirezL3

El sistema democrático, “el mejor ideado por el hombre para vivir en libertad”, consiste en una interacción de poderes, clásicamente tres: Legislativo, Ejecutivo y Judicial, aumentados a cinco por la revolución chavista que le adicionó el Poder Electoral y el Poder Ciudadano pero que en realidad redujo a uno solo, el Ejecutivo, lo demás es solo para la publicidad lamentablemente reforzada por una oposición que hace creer que tenemos un Parlamento en ejercicio y que este es un factor de contención institucional como afirma el Dr Henry Ramos Allup cándidamente convencido de esa irrealidad.

La verdad es que la Asamblea Nacional cuando estuvo en manos de la antidemocracia chavista nunca ejerció sus funciones, ya que, contra toda práctica democrática, permanentemente las delegó en Chávez y Maduro mediante leyes habilitantes sin límites ni controles, y que cuando el pueblo votó para que la oposición la dirigiera con mayoría absoluta, el régimen la ha clausurado usando para ello el adulterado Poder Judicial que maneja con desparpajo, clausura que se ha patentizado en una multiplicidad de sentencias anulatorias, más de cuarenta van, en las que reducen a la nada las leyes que se emiten; igual ocurre con los actos de control sobre funcionarios públicos que sin consecuencia burlan citaciones y votos de censura, hasta finalmente haber llegado a una que declaró por adelantado “nulos y sin vigencia y eficacia jurídica los actos emanados de la Asamblea Nacional, incluyendo las leyes que sean sancionadas, mientras se mantenga el desacato a la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia”.

Esa sentencia, ratificada tres veces por una Sala Constitucional regida por personas nombradas ilícitamente y por lo cual se les revocó el cargo, grita al mundo que en Venezuela no hay Poder Legislativo, que estamos en dictadura, esto reforzado por el acoso contra los parlamentarios a quienes diariamente agreden las bandas parapoliciales del régimen hasta haber llegado al asalto perpetrado a la Cámara en plena sesión. Esto debiera haberse denunciado formalmente y proclamado ante el mundo para pedir con más fuerza la intervención de todo mecanismo internacional estatuido para rescatar y mantener viva la democracia. Comisiones han ido a la Organización de Estados Americanos a plantear nuestro drama y pedir aplicación de la Carta Democrática para que se sancione al régimen, pero en eso ha habido vacilaciones, titubeos. Otros mecanismos internacionales que están disponibles no son exigidos a fondo. En el exterior existe un ambiente favorable a cualquier gestión de esta naturaleza, todos saben del drama de la gente comiendo basura, de los niños muriendo de hambre, de la gente que sufre y fallece por falta de medicamentos, del más del centenar de presos políticos, y las torturas que se les practica, de la violación recurrente de la propiedad privada, de la degradación que pudre las altas esferas del poder civil y militar venezolano, de los dineros que nos han saqueado de las arcas nacionales y que revientan de gordura en los bancos extranjeros; pero, en Venezuela se sigue simulando que tenemos una Asamblea Nacional que se reúne de martes a jueves para seguir aprobando piropos a la luna.

Es necesario rectificar procederes; los partidos democráticos tan necesarios para el restablecimiento de la institucionalidad están en el deber de acordarse en un pacto de unidad más allá del tema electoral, incluso desprendiéndose de él; un nuevo Pacto de Puntofijo es prioridad, hay que ir mas allá de las legítimas y naturales ambiciones individuales de los dirigentes que de no hacerlo se nos prolongará esta desgracia hasta el infinito.

La sociedad toda, la organizada y la no organizada, está padeciendo el desastre absurdo de la dictadura madurista, por lo que es una necesidad salir de ella correspondiendo a los partidos la conducción de tal tarea, la cual han venido desempeñando con persistencia, pero no han logrado unificar criterios, y en su interior pululan intereses personales sobre liderazgos y aspiraciones que aún siendo legítimas, por ahora son inoportunas.

La propuesta es que todos los partidos se acuerden en un pacto de salvación nacional que contemple: 1. Todos contra la dictadura, el objetivo es salir de ella, no facilitarle su permanencia. 2 Gobierno de unidad nacional para el cual se debe escoger un pequeño equipo de personas que lo asumirán, independientes de reconocida honorabilidad y capacidad comprometiéndose en determinadas líneas de acción en la economía, la seguridad, la justicia. 3. Tiempo mínimo de permanencia de ese gobierno para enderezar el país. 4. Compromiso de participación y apoyo de todos los partidos a ese nuevo gobierno. 5. Suspensión de aspiraciones de candidaturas en ese lapso de tiempo que se acuerde.

El Nacional
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