Muchas jugadas por delante; Soledad Morillo Belloso .@SolMorilloB

El gobierno juega con fuego. Confronta nada menos que al Vaticano. Saca cuentas. Si no cumple los acuerdos, ¿qué pasa? ¿Qué puede hacer el Vaticano? ¿Levantarse de la mesa? ¿Excomulgarlo? En Miraflores y los cuarteles concluyen que salvo algunos gritos desde los púlpitos, de la furia de unas cuantas señoras piadosas, unos editoriales y artículos enardecidos, un escándalo que será barrido por la crudeza de los pesares de la vida cotidiana, aparte de eso, nada más. El costo político les sale barato, piensan en las salas situacionales.

Hay un error conceptual en lo de la mesa de diálogo. Las resultas de ella no es un gobierno que gana tiempo. Al contrario, toda esta conversadera ha sido una pérdida de tiempo para el gobierno que, por andar metido en una incesante habladera de zoquetadas, no ha hecho nada que le permita recuperar algo del piso político y electoral perdido. De hecho, el rechazo de la población crece cada día; ya es evidente en todas las mediciones de opinión que esto está destruyendo no sólo la imagen de Maduro sino las de los gobernadores y alcaldes oficialistas y los partidos del GPP, que han caído en arenas movedizas. Y eso para un montón de dirigentes jóvenes es grave, pues hace añicos su futuro político. En algún momento, más allá de los manejos del cogollo rojo, gente como Héctor Rodríguez va a entender que suicidarse no es una opción. No es un problema de división en las filas revolucionarias; es de la supervivencia de la generación de relevo.

Cosa muy distinta es la crisis en las fuerzas de oposición. La diferencia de opiniones sobre cómo enfrentar la complejísima situación, qué caminos y decisiones tomar y cómo sacar ventaja de la tremebunda crisis y el colapso financiero, económico y operativo del país, ha generado perturbaciones que hacen ruido en las percepciones de los ciudadanos. Francamente la crisis interna en la MUD no es tan grave como luce. Es más bien una periquera entre gente que está muy cansada; trabaja en exceso, come poco y mal y está irritable. Decía Rómulo Betancourt que político que no duerme, se equivoca. Sustituir a los liderazgos en la MUD sería una tontería;  supondría un desperdicio de todo lo aprendido bajo el improbable argumento de que sangre nueva garantizaría éxitos o menos complicaciones y diferencias de opinión. Los políticos suelen ser personas que poco se atienen a rutinas. Tienen agendas exageradas y plagadas de imprevistos, lo cual se suma al torrente de improvisaciones que el gobierno obsequia y que obligan a reacciones inmediatas. Lo urgente se come lo importante. Por eso el equipo de respaldo debe ser en extremo profesional, competente, eficaz y eficiente. Ese equipo no es el que vemos frente a cámaras y micrófonos, pero de ellos depende que los liderazgos no pierdan tiempo en sendas intrascendentes. Deben hacer entender a los dirigentes que esa lluvia de críticas que reciben todo el día no representa el sentir de la inmensa mayoría de la población, esa que no tiene tiempo ni energía para mandar tuits o leer sopotocientas críticas. De eso solo se ocupa un pequeño porcentaje de la ciudadanía, fundamentalmente de clase media que, justificadamente, siente que todo ha caído en un marasmo pero que no entiende el sufrir de ese grueso porcentaje de la población que hace maromas para algo tan elemental como poner al menos una comida al día sobre la mesa, conseguir una medicina para que el muchachito sobreviva a una gastroenteritis o intentar descubrir por qué en el último operativo de una OLP su hijo acabó metido en un zanjón. Esa gente no quiere que le expliquen el cono monetario. No ve cada noche CNN para saber qué se dice en Conclusiones sobre Venezuela; no tiene ni un ápice de alma para gastar en ver en Vladimir a la 1 a políticos de uno y otro bando; tampoco ve a Maduro en su patético programa de salsa ni al arrogante Diosdado diciendo vulgaridades a leco herido. En las colas bajo la pepa de sol o la inclemente lluvia, en esas colas de la escasez, de la inflación, del desabastecimiento y de la desesperación se critica abiertamente a Maduro, porque “es un desastre”, porque “estos tipos se llevaron todo”, porque “quién sabe a dónde vamos a llegar”. La gente no quiere ni necesita una lección de economía, o de política monetaria, o de relaciones diplomáticas. Nada le importa el rifirrafe del Mercosur. No quiere oír consignas acarameladas. Esa gente está diciendo con todos sus gestos que obras son amores y no buenas razones. De allí que el acto salvaje de poner preso al doctor por aceptar la donación de medicinas para darlas a los pacientes sí generara revuelo en las colas y recibiera aplauso general el gesto de los médicos de Nueva  Esparta al apoyar a su colega y advertir al gobierno que pretenden hacer lo mismo, así les cueste cárcel. A la ciudadanía de a pie, que es mayoría, hay que conducirla para que forme parte de la solución y no una pieza más del desvarío.

Diálogo sí. Hasta quedarse sin saliva. El régimen no está ni remotamente caído, pero tiene cada vez menos cartas que jugar. La oposición, para muchos entrampada, tiene aún muchas jugadas por delante.

soledadmorillobelloso@gmail.com

@solmorillob

El Universal
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