Neuronas dormidas y divididas; por Rafael Palacios .@rpalaciosb69

Al cierre del 2016, no hay buenas noticias. Para hablar del presente bastaría sólo referirse a los acontecimientos más recientes ocurridos en el país. Si quisiéramos intentar hablar de futuro, sería suficiente ver el estado actual de todo nuestro sistema educativo, eso es lo que indica cuánto de eso hay. Por ahora, lo que tenemos es la convivencia con el pasado; el país petrolero y rentista y su siembra, que a decir verdad, ha sido la siembra política con “p” pequeñita y no la económica.

Ese país finaliza el año partido en pedazos. Divididos están los que gobiernan; entre los que a fuerza de pragmatismo y radicalismo subestiman los efectos de la globalización y del cambio tecnológico en la democracia y se empecinan en llevarnos al socialismo en modo siglo XXI y entre los que soñaron las ideas de Chávez y ahora se sienten defraudados. Divididos están los que se oponen al actual gobierno y a las ideas de Chávez; entre los que hacen de la MUD un instrumento estrictamente electoral y menos político y los que no se sienten representados por ella aún estando dentro de ella, incluyendo a los intelectuales. También ellos están divididos por otros dos grupos de opositores: los que no se encuentran dentro de la MUD incluyendo el chavismo descontento y los venezolanos que están en el exterior.

Paralelamente existe una sociedad que además de dividida luce dormida; y que vive solo el día a día bajo la orientación de esta clase política. Una sociedad que convive con una generación que termina, una que ya camina y la otra que comienza sin tener lo mínimo deseado, futuro. Es una sociedad que a estas alturas se le dificulta saber por dónde y a dónde va.

El daño ocasionado al país se sabrá cuando llegue el momento de compararnos y saber  en el lugar que estamos después de haber ya transitado casi dos décadas de este siglo. Un mundo que crece en población y en neuronas; donde la economía ya no camina con la que se enseñaba usualmente en las universidades (economía ortodoxa) y ha sido sustituida por la economía real e inteligente a la mano de la ciencia y la investigación, donde respirar aire puro se ha convertido en un patrón para elegir presidentes y conformar parlamentos. Un mundo donde el trabajo sólo tiene sentido cuando se aporta conocimiento y valor agregado a lo que se hace y cuando la productividad laboral aumenta en lugar de disminuir. Un mundo donde las reservas de petróleo están pasando a ser una cualidad decorativa de las riquezas de un país y ya no alcanzarán para seguir agrandando al Estado que se ha acostumbrado a tener. Un mundo donde la economía de sectores de exportación tradicionales no podrán continuar subsistiendo a falta de  capacidad innovativa. Un país no puede sobrevivir a estos cambios sin recurso y talento humano.

Convivimos con una clase política dividida y pareciera que tal división se radicalizará. La del gobierno no muestra ni un poquito de futuro y no convence ni con discursos de moda. Y la de la oposición, que si quiere ser distinta a la del gobierno, tendrá  entonces que unificar esfuerzos para ser otra. Esta oposición mínimamente deberá ser la combinación de las tareas de todas las oposiciones. Se necesitarán de neuronas para la estrategia electoral y la confrontación política del día a día (eso es lo que ahora es la MUD); se requerirán las neuronas de los adeptos a la MUD e intelectuales que no se sienten representados por ella para oxigenar las estrategias electoral y política con “p” mayúscula; se requerirán de los opositores que están fuera de la MUD y que tienen un  número importante de las neuronas faltantes. Finalmente están los opositores fuera del país que combinados con los otros deben sumar ideas que permitan salir de tanto atraso y construir un proyecto económico, tecnológico y social de largo aliento.

Si esto llegara a ocurrir veremos con el tiempo la actuación de una nueva clase política mejor preparada. Veremos partidos políticos y parlamentos más inteligentes, veremos unos medios de comunicación más conectados con el futuro que con el pasado y veremos una sociedad mejor representada y más exigente en sus demandas políticas. Ya es hora que la clase política hija del rentismo, el bipartidismo y la polarización comience a ser sustituida por una nueva que conviva con neuronas despiertas y conectadas.

Queda una pregunta en el aíre: ¿cuáles fuerzas de la oposición pueden realmente iniciar este cambio?

El Nacional

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