El día de los locos; por Teódulo López Meléndez .@tlopezmelendez

De episodio hagiográfico del cristianismo, la matanza de los niños menores de dos años en Belén, Judea, ordenada por Herodes en procura de deshacerse del anunciado Jesús de Nazaret, el 28 de diciembre fue transformándose en un día para las bromas. En el mundo anglosajón-desconozco las razones- se celebra algo parecido el 1 de abril con el nombre de Fools’ Day. Pretendidamente se procura honrar la inocencia, aunque algunos nos permitamos recordar que en el terreno político la inocencia es un estado de placer que sostiene el status quo.

En la Edad Media fue la tradición pagana la que intentó robar al cristianismo una fecha convirtiéndola en la “Fiesta de los Locos”, especialmente en Francia. Se honraba, no ya la inocencia, sino al asno en que cabalgó Jesús el Domingo de Ramos para su entrada en Jerusalén, lo que se considera precursora de esto que hoy llamamos “Día de los Inocentes”.

Por cierto que al “Día de los Locos” lo caracterizaban fiestas y desenfreno.

El humor se considera una forma de abordaje de la realidad presidida por el lado risueño o ridículo de las cosas. Ciertamente esos señores que escriben se ingenian para agregarle comentarios, como Joseph Klatzmann en su obra L’Humour juif (“El humor judío”), padre inventor de la famosa frase “Reír para no llorar”. Un poco más cínico Nietzsche, catalogando la risa como una consecuencia del dolor tan terrible que sufre el hombre en el mundo. Previamente la filosofía cínica definió al humor como un contraveneno espiritual.

Ante tanto sarcasmo quedémonos más bien con el humorismo como una forma de entretenimiento y comunicación humana, si hasta en los primates le aparecía en los labios un rictus muy parecido a lo que hoy denominamos sonrisa. La risa alivia frustraciones y sufrimientos. En el fondo reír y llorar son catárticos por igual. Al fin y al cabo la palabra humor viene de los cuatro humores que describía la medicina griega.

En Venezuela celebraremos este “Día de los Inocentes” con cordiales expresiones tales como “todos los presos políticos ya están reunidos con sus familias” o “jamás antes habíamos comido tanto pan de jamón y hallacas”. No olvidemos que el humor difiere en culturas y no siempre tiene que ser sorpresivo para causar efecto.

teodulolopezm@outlook.com

El Nacional
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