El valor de la gente común; por María Amparo Grau

Los mensajes de Navidad de los jefes de Estado de países desarrollados parten del reconocimiento de las cada vez más complejas dificultades que enfrentamos las sociedades de estos tiempos, pero es verdad también que hoy como nunca el desarrollo de todas las áreas del conocimiento nos dan las herramientas necesarias para enfrentarlas, lo cual ha de hacerse en todo caso de forma colectiva y no de manera individual. Pero ese accionar colectivo tiene que ser la sumatoria de la acción individual, porque es precisamente la gente común que hace pequeñas cosas extraordinarias la que inspira los cambios que se necesitan y se requieren para el bien común.

El hacer colectivo, el camino de un país, se fundamenta en un proyecto común, para lo cual es indispensable el reconocimiento de que todos los sectores de la sociedad son importantes, admitir las diferencias y la diversidad y hacer énfasis en la tolerancia, el respeto, la inclusión, cultivar la no violencia como valor fundamental, y sobre todo el reconocimiento recíproco. Estos elementos son los que en efecto permiten una convivencia pacífica y el progreso.

La convivencia se garantiza a través de la observancia del ordenamiento jurídico y en esa “convivencia democrática basada en el respeto de la ley” es que se permite el progreso, el cual se logra cuando le une a ella por quienes han sido designados para conducir el destino político de un país una “voluntad decidida y leal de construir y no destruir”. (Extractos tomados del mensaje de navidad 2016 del rey Felipe IV de España).

El 2016 deja una Venezuela ayuna de toda cohesión y carente también de una conducción política desde las instancias del poder de respeto a la disidencia y, más grave aún, al ordenamiento jurídico que las rige. El diálogo que es sin duda una herramienta de canalización de las diferencias no es posible si existe una actitud de descalificación y conductas que impiden construir en la aceptación de la diversidad.

El papa Francisco, promotor y mediador del deseado diálogo nacional durante su mensaje navideño “urbi et orbi” se refirió a Venezuela pidiendo “valentía” para poner fin a las “tensiones actuales”. Hay que tener valor para confrontar la arbitrariedad pero también hay que tenerla, para reconocerla y corregirla.

La valentía de quienes la confrontan se encuentra evidenciada en muchos héroes conocidos y anónimos, no solo la de ciertos dirigentes que a riesgo de su libertad y seguridad personal se han enfrentado a ella y la de aquellos que por víctimas de la represión o persecución se han convertido en noticia, sino en la de muchos ciudadanos que también se han resistido a la pérdida de su libertad y de los derechos fundamentales que la ausencia de un régimen de derecho produce. El valor de aquellos factores necesarios para corregirla lamentablemente aún no se ha conseguido en sus líderes, pero puede, sin embargo, hallarse en la gente ordinaria que a ellos hasta ahora se han sometido. La reina Isabel II, en sus palabras de fin de año rindió homenaje a la “gente ordinaria que hace cosas extraordinarias” a quienes reconoció como una “fuente de inspiración”.

El mensaje de nuestra Navidad debe estar en consonancia con estos mensajes y en especial del mensaje papal de esperanza en que “la valentía anime a todos a dar los pasos necesarios para edificar un futuro de esperanza para la población entera”.

El Nacional
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