La mancha; por Soledad Morillo Belloso .@solmorillob

Lujosas casas y propiedades en los más caros espacios inmobiliarios de los cinco continentes. Estudios en los más costosos colegios y universidades en el mundo entero. Yates, aviones, automóviles y motocicletas de alta gama que harían la envidia de cualquier famoso del cine o la televisión. Viajes de placer a ciudades y lugares exóticos, con hospedaje en hoteles seis estrellas en los que sobre almohadones de plumas de gansos vírgenes son colocados cada noche; bombones de chocolate hecho con ese cacao venezolano cuya siembra y cosecha ocurre por manos teñidas de esfuerzo de cultivadores criollos. Condumios en restaurantes y bares con varias estrellas Michelin, en los que abunda la exquisitez como el caviar ruso, la trufa blanca, el azafrán con denominación de origen y el cangrejo patas largas del Pacífico. Compras de joyas, ropa, zapatos, marroquinería y mobiliario de las más exclusivas marcas en las tiendas originales, muchas muy cursis pero igualmente caras. Visitas recurrentes a spas cinco estrellas; cirugías estéticas para inflarse  o borrar las indeseadas arrugas. Fiestas en las que el champagne corre como agua de acequia. Inversiones en multimillonarios negocios “legales”. Y curiosidades como asistencia a clásicos de la hípica como Ascot (con tocado y todo) o el Kentucky Derby, o las carreras de Fórmula 1 en Dubai, Montecarlo,  Shanghai o  Yas Island. Participación en programas como cacería de perdices rojas en El Crespo en Ciudad Real. O pasar la luna de miel en el Jaipur Palace, el Altira Macau o el Amanjiwo. Esquí de nieve en las laderas de las Rocky Mountains en Telluride para toparse quizás con Oliver Stone.

Todo eso y mucho más que escapa a la imaginación de un mortal de a pie. Esas son las cositas que disfrutan los parientes de jerarcas y enchufados que viven en el exterior, lo suficientemente lejos del calorón, las colas, las penurias, la escasez, el desa­bas­tecimiento, la represión, la inseguridad, los secuestros, el olor de los muertos,  los hospitales donde no hay ni mercurocromo y demás fruslerías. Son inocentes. Ellos no cometieron ningún desaguisado. No saben de qué se les podría acusar. No hay delito o pecado en su haber. Ahora son víctimas de acoso, de asedio, de “bullying”, de ese asunto que recibe el nombre importado de “escrache”.

¿Sería yo capaz de hacer una escenita de repudio y protesta si me topara con alguno de estos personajes? Confieso que no lo sé bien. Creo que no. Supongo que no. Tengo encima años de tradición civilizatoria. Pesa mucho los años de educación y formación. Pero, puesta en la circunstancia, ¿conseguiré refrenar la rabia, el disgusto, la náusea? Es un ejercicio hipotético. Mis posibilidades de hallarme en tal situación son lejanas, muy lejanas. No me muevo en esos círculos. Pero, me pregunto: ¿es justo que estos querubines arguyan inocencia cuando su vida a todo trapo es financiada por dinero de dudosa procedencia, por decir lo menos? ¿Es concebible que argumentan que ellos no saben? ¿Y el cerebro no les da para preguntar, para indagar, para averiguar el origen de los dólares y euros que gastan a manos llenas? Nadie puede alegar su propia torpeza. Principio elemental. Muy elemental que invalida el “yo no fui” que nos quieren meter entre pecho y espalda y sin anestesia.

Repito, una formación católica me refrenaría de ejecutar un “escrache”. Pero hay que entender la rabia de los millones de venezolanos perjudicados por el desguace del país. Y el análisis se pone aún más interesante cuando uno lee que en Sudáfrica, en medio de las investigaciones en curso con respecto a corruptelas, uno de los investigados declara que “durante años los que mandaban robaron y nunca fueron penalizados. Hoy sus hijos son los magnates”.

Si la justicia no procede, la sociedad queda con la herida abierta. Y sin justicia quedará ahí la mancha del dinero sucio. Por generaciones.

Soledadmorillobelloso@gmail.com
@solmorillob

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s