El “injerencismo” de Maduro y sus huestes; por Carlos Aguilera .@_ToqueDeDiana

El “injerencismo” es un término que recurrentemente utilizan Maduro y sus huestes, en las peroratas discursivas que a menudo realizan en procura de defender lo indefendible, que no es otra cosa que una supuesta revolución socialista, marxista, comunista y mal llamada bolivariana, que cada día tiende a devaluarse como o peorque nuestro signo monetario.Este vocablo no es usual, pues en el Diccionario de la Real Academia Española no aparece, por lo que solo lo podemos interpretar como uno de los tantos ismos, pues suena más al propósito del que lo pronuncia, como casi la ideología, es decir, con una intención meramente peyorativa.

Gerson Revanales, veterano diplomático de carrera y profesor universitario en el Doctorado de FACES-UCV al referirse el término señala: “De ningún modo. En primer lugar no sé qué quiere decir con ese extraño término,  Injerencismo no existe en español, eso es parte del  vocablo del Socialismo del siglo XXI, el cual tiene el mérito en su lenguaje escatológico de acuñar esas y muchas aberraciones tanto lingüísticas como políticas y jurídicas”

De todos es conocido que injerencia tiene sinónimos como de curiosidad, descaro, entrometimiento, fisgoneo, intromisión o mangoneo, y que su antónimo es abstención, discreción, de las que por cierto carece Maduro y sus segundones en el gobierno y en su partido el PSUV.

Sin embargo, existe lo que algunos políticos denominan la injerencia humanitaria, que se refiere a cuando un Estado soberano es intervenido por otro Estado u organizaciones internacionales mediante la fuerza armada y sin su consentimiento, con el objetivo de proporcionar a la población civil protección ante la violación masiva y sistemática de sus derechos humanos, o bien ante situaciones de emergencia.

El Derecho Internacional, contempla que los Estados, no tengan injerencia en los asuntos internos de otros. Pero, para algunos pensadores y políticos, basados en las ideas del jurista humanista holandés, Hugo Grocio (1583-1645), se permite la injerencia humanitaria de un Estado mediante la fuerza  o de un organismo internacional en el territorio de otro, si por causa de una guerra civil o un ataque gubernamental a los derechos humanos la población está siendo ultrajada en su dignidad. Sin embargo, ello no permite que se aproveche la situación para sacar ventaja territorial anexando ese Estado al propio, puesla injerencia se aplica como medida de protección a los civiles. Esto ocurre cuando se vulneran los llamados derechos universales, como el de la vida o el de la libertad.

Para Maduro, Cabello, Jaua, Istúriz, los hermanos Rodríguez (Delcy y Jorge), Carreño y otros tantos, el injerencismo (¿?) sirve de pretexto para proferir insultos o denostar contra quienes osen criticar u oponerse a las atrocidades que día a día perpetra el régimen en perjuicio de los millones de venezolanos que hoy padecen la más terrible y trágica situación de miseria, hambre y múltiples necesidades, como la escasez de alimentos y medicinas, así como  la feroz y criminal represión contra quienes manifiestan desde hace 50 días en la capital de la República y demás ciudades del país, llenos de indignación e impotencia, lo cual hasta el momento ha arrojado un trágico y doloroso saldo de 52 personas víctimas de las balas asesinas de represores a la orden del régimen, quienes potenciados por la patente de corso e impunidad,  hacen de las suyas para luego culpar a la oposición de sus desmanes, crímenes y saqueos.

Por eso es preciso que el pueblo venezolano no se deje confundir, por cuanto el ideal colectivo es lo único que bien comprendido, como lo señalara en un brillante discurso el poete cumanés Andrés Eloy Blanco, “se puede salvar a un pueblo del retroceso”y  nosotros agregaríamos, del salvaje atropello y abuso de poder que ha permitido a Maduro retrotraer al viejo ideal de “El Estado soy yo”, con el que se levantó la democracia para gloria de la humanidad, pero de frente y no tras los corrales de la ideología comunista tutelada por el régimen cubano al que le rinde cuentas, disfrazada en la nueva fórmula pseudo democrática de “El Estado corporativo soy yo”.

Es común escuchar a menudo a Maduro utilizar la expresión de “injerencismo, quizás por su escasa formación intelectual. De esta manera, arremete contra el presidente argentino Mauricio Macri y tras acusarlo de “injerencismo ofensivo contra el Estado venezolano, y llamarlo ladrón. Igual ocurrió contra su par peruano Kuczynski a quien acusó de realizar una campaña injerencista contra Venezuela. Y qué decir del resto de países de América Latina a los que calificó de “injerencistas” por comunicado que emitieran respecto a Venezuela agobiada por la grave situación política, económica y social que vive en los actuales momentos.

De “injerencista” calificó Maduro el decreto firmado por el entonces presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, por  denunciar a Venezuela como “una amenaza para la seguridad de la nación norteamericana”. La OEA en la persona de su Secretario General, Luis Almagro también encendió la ira del inquilino de Miraflores, con pre aviso de desocupación, y al respecto expresó que “Venezuela se moviliza en rechazo al Injerencismo de la OEA en asuntos internos de la nación”, al mismo tiempo que emitió vulgares y groseros epítetos contra su persona.

Pero Maduro si tuvo activa participación “injerencista” en Honduras cuando se produjo el golpe de Estado el 28 de junio del 2009, que depuso del poder a Manuel Zelaya quien se había enfrentado contra el Congreso Nacional y el Tribunal Supremo Electoral por la ilegalidad de una Cuarta Urna, mediante la cual se pretendía cambiar la Constitución por medio de una Asamblea Constituyente, con la cual según sus opositores buscaba su reelección, para cuyo efecto ordenó al Ejército distribuir papeletas de votación de manera ilegal, tarea a la que se opuso el Jefe del Ejército, Romeo Vásquez Velásquez, por lo que Zelaya lo destituyó y provocó la renuncia de los Jefes de la Armada y de la Fuerza Aérea, e inmediatamente lo depusieron del poder.  La OEA suspendióa Honduras como miembro de la organización hasta que el país restaurase al gobierno de Zelaya. El Salvador, Nicaragua, Guatemala y Venezuela anunciaron sanciones económicas para Honduras y la aplicación de la Carta Democrática, e igualmente el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial anunciaron la suspensión de la ayuda financiera que otorgaban a Honduras. Por último, se produjo una retirada en bloque de todos los embajadores de la Unión Europea de territorio hondureño.

¿Acaso se habrá olvidado Maduro que cuando se desempeñaba como Canciller pretendió llegar al palacio de gobierno de Honduras en Tegucigalpa, a bordo de un vehículo que condujo con Zelaya a su lado, tras pasar la frontera con Nicaragua? ¿No es “injerencismo” como suele llamar Maduro a menudo,  calificar a quienes se preocupan desde el exterior por la crítica y angustiante situación venezolana? ¿Pero sí  es “injerencismo” la presencia desde hace años de militares y dirigentes políticos cubanos en suelo venezolano? Esto último, tipificado en la Constitución Nacional como “delito de alta traición a la patria”?

La salsa que es buena para el pavo, también lo es para la pava….

@_toquedediana

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