Las Verdades de Miguel – Edición 626 – del 26.05.2017

MI COMENTARIO DE LA SEMANA.  Al compañero presidente Nicolás Maduro.  En estos difíciles momentos que vive la República, cuando los oportunistas de oficio se erigen en carmelistas descalzos, dando consejos como si jamás hubiera quebrado un plto, sobre todo aquellos que tuvieron responsabilidad en el Gobienro, donde resaltaron por su ineptitud, yo, que a lo largo de estos 17 años he sido un crítico permanente de este proceso revolucionario (léanse Las Verdades de Miguel de siempre), me permito muy respetuosamente volver a dirigirme particularmente a usted.

Como jefe del Ejecutivo, llevado por las circunstancias vive una encrucijada que bien podríamos ubicar en dos tiempos distintos que harían de las delicias de todo historiador que se aprecie.  El primer tiempo que usted debe meditar tiene que ver con el mariscal de campo Vicente Emparan (1810), como capitán general de Venezuela, quien obligado por la presión política de la época dejó su alta investidura pronunciando la célebre frase: Si ustedes no quieren mando, yo tampoco.  Así, abandonó su cargo, allanando el camino a la independencia de Venezuela uno de los gobernadores más brillantes que tuvo la colonia española (una trayectoria desconocida por una historia cercenada por la improvisación que como un reniego bíblico nos ha acompañado hasta nuestro días).

El segundo tiempo es más cercano en nuestra vida republicana, ese tiene que ver con Rómulo Betancourt (1961), quien en medio de una de las mayores turbulencias políticas pronunció otra frase para la historia: Se me ha pedido la renuncia, pues sepan que yo soy un Presidente que ni renuncia ni lo renuncian.

Compañero Nicolás Maduro, estoy convencido que dadas las condiciones actuales del país, a usted le está negada la opción Emparan.  Veo la opción Betancourt como la más sana y viable.  ¿Sabe por qué?  En la dramática situación actual se requiere de mucha firmeza del timonel para que el buque no naufrague.  Usted tiene que concluir su período y si el clamor nacional le indica que no se quiere mando, entonces no debe insistir en buscar la reelección.

Pienso que uno de los errores de este proceso revolucionario fue el haber impuesto la reelección indefinida por ser ella una tentación al caudillismo.  Ello necesariamente debe cambiar.

A través de estos 18 años hemos visto como el equipo de Gobierno no ha tenido cambios sustanciales, inclusive, se han destinado responsabilidades para cargos donde los designados no presentan una hoja de servicio ajustada a las necesidades de los mismos.  Por ejemplo, en tres actividades básicas: quienes dirigen la economía son unos auténticos desconocedores de la materia, igual en educación y en salud.

Usted Presidente, ha planteado una Constituyente como necesaria para darle carácter constitucional a las misiones.  Craso error, porque ellas se plantearon como una salida, y se supone que su permanencia es un tempolo de impremeditación.  En el tema de la Constituyente se ha incurrido en una total desinformación abonandoel camino a los enemigos del pueblo, desaprovechando una excepcional oportunidad para cambiar lo que se tenga que cambiar.  Aun así aprecio que, en el buen sentido de la palabra, una Asamblea Nacional Constituyente es una propuesta viable que descartó en su oportunidad la oposición por ignorancia supina.

Creo que es el tiempo de revisar el concepto revolucionario que se tiene del mandato, porque si concebimos (erróneamente) que el socialismo debe responder a la uniformidad de criterios, entonces no habría cabida para eleccioens libres porque ellas admitirían autoridades regionales contrarias al Gobierno nacional.  Particularmente me inclino por su absoluta independencia en el asunto electoral.  El esquema de Gobierno debe alejarse del totalitarismo.

Camarada Presidente, se tiene que actuar con prontitud para sortear los graves problemas que vive el país.  Estoy seguro que la cartilla imperialista ha tenido una participación si se quiere determinante, pero sumando a ello aparece la ineptitud burocrática y la corrupción.  En el Gobierno abundan los oportunistas vestidos de rojo; razón tuvo Lenin cuando aseguró que hay quienes posan ante la izquierda y ayudan a la derecha.  Negarlo es tratar de escondel el Sol con un dedo.

Uno de los bastiones de la traición se apoya en la incondicionalidad del funcionariado frente a quienes delinquen.  La impunidad ha socavado las bases de la República.  No se puede confundir con la lealtad el dejar hacer y dejar pasar.  Por supuesto que los renegados están y estarán a la orden del día, pero no olvidemos que la acusación de traidor suele ser utilizada para difamar a los adversarios.

Estar con el proceso revolucionario no implica callar.  Nunca he estado de acuerdo con aquello según lo cual los trapos se lavan en casa.  Esa máxima sólo ha servido para que una élite se adjudique el papel de tratar los problemas a puertas cerradas.  Una actitud hipócrita si luego se le pide al pueblo una participación democrática y protagónica.  La traición consiste en renegar a través de una deshonra.  Incurre en ella quien coopere con naciones enemigas.

El caso de la ineptitud burocrática debe ser abordado con mucha seriedad.  Se habla del legado del comandante y se olvida la gran cantidad de obras públicas inconclusas.  Siempre recuerdo la construcción de la autopista La Marqueseña que uniría Boconó con Barinas; ellas apenas se interrumpió al inicio porque se robaron el dinero.  Igual pudo haber ocurrido con el promocionado saneamiento del río Guaire y otras tantas.  No sólo se han robado los recursos destinados a ellas sino que, además, es infinitamente inauditable lo sucedido con tantos proyectos dejados a mitad de camino.

A través de todos estos años no se ha dicho (como tantas otras) la verdad sobre asuntos tan importantes como el empleo y la inflación.  A usted compañero Presidente, se le ha vendido la idea de que los sucesivos aumentos del salario mínimo constituyen un logro del Gobierno revolucionario, cuando ello más bien es la manera de ocultar el fracaso de la política económica.  ¿Sabía usted que con el precio de hoy de una canilla de pan se podía dar la inicial de un carro hace 15 años?  Si quiere cerciorarse póngale a 5 mil los tres ceros que borraron con la conversión de la moneda.

Camarada Presidentehemos presenciado el modo de vida saudita de no pocos funcionarios y nos hacemos la vista gorda.  ¡Qué distinto sería si abundaran los funcionarios probos y austeros!  No se pide que lleven una vida monacal, pero, a decir verdad, deberían estar rozando.

Con respecto a los sucesos que por más de un mes enlutan a Venezuela, estimo que la falta de autoridad y la complacencia de mandatarios regionales ha permitido se ejecute un plan criminal diseñado en los contubernios opositores para derrocar al Gobierno.  La ausencia de autoridad radica en asumir la estrategia Altamira 2002, la del desgaste que también se utilizó durante el paro petrolero, todo ello con el grave daño y consecuencias que llevaron al traste con una época que prometía ser de bonanza.

Autoridad no significa la represión por la represión.  Todos sabemos que las protestas actuales distan de ser pacíficas porque su objetivo inicial fue desvirtuado.  La idea ahora es llevar a los manifestantes al enfrentamiento.  Poco a poco se ha perdido el control sobre los violentos, a quienes no les importa utilizar a los descontentos como carne de cañón.

La situación de hoy es totalmente distinta a la que enfrentó Chávez en los años 202 y 2003.  Ahora es evidente la subversión armada urbana combinada con acciones cada vez mayores de terrorismo.  No son pocos quienes en el seño del pueblo estiman que tan responsables son los terroristas como el Gobierno, por permitir este último el dejar hacer, dejar pasar.  Si Betacourt (1961) hubiera cedido al asedio que sobre su Gobierno ejercieron sus adversarios, no habría concluído su mandato.  Claro está que en esa ocasión los excesos estaban a la luz del día, ahora, estudiada y analizada la historia no tiene sentido que ellos ocurran de nuevo pero, frente al terrorismo, hay que poner mano dura y el legajo jurídico lo permite.

Por lo demás de todo lo ocurrido y que ocurrirá nos queda una dolorosa esperanza; hoy más que nunca la ignorancia campea entre la mayoría de los políticos de turno.  Se trata de personajes que nunca pensaron en prepararse seriamente para conducir la República.  Si entre los revolucionarios es preponderamente el analfabetismo político, entre los contrarrevolucionarios la inteligencia brilla por su ausencia. No quiero aparecer como un prepotente afirmándolo, pero los hechos lo demuestran.

Compañero Presidentela comunicacion oficial ha sido desastrosa; ella se fundamenta en una tarea propagandística donde sobresale la inclinación a darle gracias a usted por “los favores recibidos”.  Nada tan terrible como presentar a un pueblo con lloriqueos agradeciendo que le regalaron una vivienda.  Ello adultera el valor popular, porque presentaal ciudadano asignándole una característica de mendigo antepuesta a la de revolucionario.

Camarada Nicolás Maduro, serían tantas las cosas por escribirle, esas que he recogido en el sentir del pueblo, pero no hay espacio.  No me gusta utilizar términos militares tan en boga, pero en medio de la agitación actual hay tiempo de hacer retroceder a los radicales.  Está en sus manos darle un giro de 180 grados al Gobierno, cambiado lo que se tenga que cambiar.  Podemos madurar las ideas democráticas.

Recordando a Charles Dickens y su reflexión acerca de la Revolución Francesa: Érase el mejor de los tiempos y el más detestable de los tiempos; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación.  Todo lo poseíamos y nada poseíamos.

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