A la defensiva…; por Antonio José Monagas

Las adversidades que definen la crisis política, económica y social que sacude a Venezuela, se convirtió en un interesante escenario para el estudio y revisión de la teoría política. Particularmente,  al momento de elaborar análisis políticos que conjuguen realidades y recursos cognitivos mediados por la ecuanimidad. Tan especial situación, pareciera convertir la calle en un aula de clase. Aunque no en el exacto sentido de la didáctica y de la pedagogía propia de la ciencia política. Pero sí, en el sentido metodológico. Más, cuando lo que capta la atención de quien vive el conflicto vigente, dado el papel protagónico que desempeña, lo hace fiel testigo de las agudas contradicciones ante las cuales la teoría política luce rígida y por ratos obsoleta.

Sin embargo, el grado de perturbación que muestran las calles, plazas, y avenidas del país, tanto como espacios públicos que en tiempos de convivencia habrían invitado al ejercicio de ciudadanía, tiende a constreñir el ámbito de abstracción donde los intereses y las necesidades configuran la trama bajo la cual se concilian procesos sociales y procesos económicos de cara a las realidades que los suscriben. Pero no por ello, dejan de coexistir, cohabitar y convivir para que de su confluencia se potencien las fuerzas capaces de motivar el desarrollo de los pueblos.

Aún así, la política sale de tal embrollo fecundada por la copulación entre tantas variables que actúan como agentes de movilización de otras más que al final de todo, brindan consistencia a las realidades. El problema surge cuando algunas de estas variables económicas o sociales, éticas o morales, se atoran en su intención de amalgamarse en función de dar una respuesta no tanto sólida como efectiva.

Eso es lo más interesante que ofrece todo análisis político que reconozca la calle como un salón de clase tan oportuna como ocurrente a los fines de aprender desde la inferencia social y económica la elocuencia con la cual se expresa la política cuando es aprehendida desde las contingencias que configuran los conflictos que traducen el pulso de la vida. No obstante las desproporciones que inocula la represión cuando se emplea como criterio de coerción, arroja mermas que terminan dislocando vidas humanas que resienten la esencia del concepto de política. Pero aunque luzca contradictorio, así perfila la dinámica política las cruentas realidades venezolanas. Tanto, que lleva a posicionar la política a la defensiva…

antoniomonagas@gmail.com

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